Cómo se lee una estantería antes de desmontarla: perfil, altura, paso y placas de carga

Cómo se lee una estantería antes de desmontarla: perfil, altura, paso y placas de carga

Antes de aflojar la primera tuerca de un almacén hay un trabajo de lectura que decide casi todo lo que viene después: cuántas jornadas lleva, con qué medios se hace, qué material conserva salida y qué se recupera como acero. En las naves de l’Horta esa lectura tiene además una particularidad: pocas estanterías son de un solo tipo y de una sola época. Lo habitual es encontrar tres o cuatro sistemas conviviendo, montados según fue creciendo el negocio. Esto es lo que se mira, en qué orden y por qué.

Un almacén suele tener varios sistemas a la vez

El recorrido empieza dibujando el plano de pasillos y anotando qué sistema hay en cada uno. Es frecuente ver racking selectivo en la mayor parte de la nave, un bloque compacto al fondo para el producto de rotación alta, un tramo dinámico junto a la zona de preparación, un cantilever pegado a la pared para material largo y una entreplanta que en su día se montó para ganar sitio.

Cada uno de esos sistemas se desmonta de una manera y tiene su propio mercado, así que se cuentan por separado desde el principio. Mezclarlos en una sola cifra global es lo que después obliga a rehacer previsiones a mitad de trabajo.

Selectivo convencional: el más frecuente y el más recolocable

El racking selectivo es el pasillo clásico: dos bastidores, largueros a distintos niveles y acceso directo a cada palé. Es el sistema más fácil de leer y el que mejor se recoloca, porque cualquier almacén puede aprovecharlo. Se anota el número de módulos, los niveles montados, la altura del último larguero, la sección del perfil y el paso de agujero del bastidor.

Su desmontaje es ordenado: se vacía de arriba abajo, se retiran los largueros por niveles empezando por el superior, se marcan los módulos y se dejan los bastidores en pie hasta el final, cuando se sueltan los anclajes y se tumban con control. Numerar por pasillo permite que la estructura vuelva a montarse igual en su destino.

Compacto: los carriles mandan y se sale desde el fondo

El racking compacto tiene calles interiores por las que entra la carretilla, y eso cambia la secuencia por completo. Se trabaja desde el fondo hacia la salida, retirando primero los carriles de apoyo, después las ménsulas y por último los bastidores, que suelen estar arriostrados entre sí en toda la profundidad del bloque.

Es un sistema más lento de bajar que el selectivo y con más piezas pequeñas, así que se cuentan carriles y ménsulas además de módulos. Su mercado de segunda mano existe, aunque más específico: encaja en almacenes con producto homogéneo, típicamente de alimentación y de bebida, que en esta comarca abundan.

Dinámico y push-back: rodillos, cunas y carros

El dinámico por gravedad y el push-back llevan piezas móviles y por eso se inventarían con más detalle: camas de rodillos, guías, frenos, topes de entrada, carros o cunas y la inclinación de cada nivel. Se desmontan por camas completas, se atan por lotes y se identifican con su posición, porque un rodillo perdido convierte una cama entera en material a peso.

Son sistemas caros de origen y por eso su recuperación compensa siempre que salgan completos. En la práctica, es donde más diferencia hay entre bajar con método y bajar deprisa.

Cantilever, entreplanta y altillo

El cantilever se cuenta por columnas y por brazos, anotando la longitud de brazo y la carga admitida. Es la estructura del material largo —perfil, tubo, tablero, moqueta, tarima— y tiene demanda entre almacenes de suministro y talleres de todo tipo.

La entreplanta merece capítulo propio porque no es una estantería sino una estructura de piso: pilares, vigas, chapa o tablero, escalera, barandilla y a veces una portilla de carga. Se desmonta por tramos, en orden inverso al montaje, y se anota la superficie y el tipo de suelo. Es también lo que decide si el techo del almacén queda libre o si hay que retirar además la instalación que colgaba de ella.

Placa, paso y sección: las marcas que identifican el material

Para saber qué tienes delante hay tres pistas fiables. La placa de características del bastidor, normalmente a media altura del primer módulo, con fabricante, modelo y cargas admisibles. El paso de agujero del bastidor y su forma, que identifican el sistema de enganche y determinan la compatibilidad con largueros de otras partidas. Y la sección del perfil del larguero, que junto a la luz entre bastidores explica cuánto peso soporta cada nivel.

Fotografiar esas tres cosas al principio de la visita vale más que cualquier descripción. Con ellas se puede consultar la compatibilidad, estimar la valoración del conjunto y decidir si el material encaja en la nave nueva del propio titular, que muchas veces es la mejor salida posible.

Lo que se anota del estado antes de aflojar una tuerca

La última parte de la lectura es la revisión visual, y se hace pasillo a pasillo. Se mira la verticalidad de los bastidores, la rectitud de puntales y diagonales, el estado de las placas base y de los anclajes, la presencia de protectores en las esquinas de calle, los enganches de larguero con sus pasadores y el cartel de cargas máximas si está colocado.

Todo lo que aparezca golpeado o deformado se anota con su ubicación y su fotografía, y pasa a la partida de acero en lugar de a la de reventa. Ese reparto, hecho antes de empezar y por escrito, es lo que permite que la oferta se sostenga hasta el final y que el titular sepa desde el primer día qué valor le vuelve.

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